lunes, 6 de diciembre de 2010

Científicos desmienten la presencia de vida en una roca marciana

En diciembre de 1984 una expedición del Instituto Smithsoniano descubrió en la Antártida un trozo de roca proveniente de Marte. Durante años se especuló con que algunas de las huellas grabadas en ese trozo de diogenita de color marrón oscuro se debían a la acción de seres vivos de origen marciano, pero un nuevo estudio ha arrojado resultados que contradicen esa teoría: la muestra se habría contaminado en la Tierra.
La historia del meteorito de origen marciano ALH84001 no tiene nada que envidiarle al argumento de un culebrón de la tarde. Después de que la NASA -en 2009- anunciase que el trozo diogenita de color marrón oscuro de casi dos kilogramos de peso llegado a la Tierra hace unos 13.000 años podía contener “restos fósiles de microorganismos que vivieron en el planeta Marte”, todos esperamos ansiosos que las sondas enviadas al Planeta rojo confirmasen que, en algún momento, nuestro vecino planetario tuvo vida. Sin embargo, la realidad parece ser bastante más compleja... y decepcionante: según un nuevo estudio, las marcas encontradas en el escombro marciano se produjeron en nuestro planeta.
Atrapado por nuestro planeta
Repasemos un poco la historia, desde el principio. Hace unos 4 mil millones de años se formó, en un Marte primigenio, una gran cantidad de material rocoso que al solidificarse proporcionó al planeta una corteza sólida. Pasó el tiempo, y hace aproximadamente unos 16 millones de años, durante uno de los tantos impactos de asteroides y demás cascotes espaciales que sufrió Marte, un trozo de esa corteza salio despedido con tanta velocidad que logró escapar de su pozo gravitatorio. Después de vagar por el espacio durante unos 13.000 años, el trozo de corteza marciano fue atrapado por el campo gravitatorio de nuestro planeta.
Seguramente era un trozo bastante grande, que al ingresar a alta velocidad en nuestra atmósfera se fragmentó en pedazos más pequeños. En diciembre de 1984, una expedición del Instituto Smithsonianodescubrió en la Antártida un trozo de roca que no encajaba -geológicamente hablando- en la zona del hallazgo. Tras realizar sesudos análisis, se determinó que se trataba de un meteorito proveniente de Marte, al que se bautizó como Allen Hills 840001. Puede parecer extraño que una roca alcance la velocidad de escape de forma “natural”, pero en realidad ocurre con bastante frecuencia. En la Tierra se han encontrado una buena cantidad de rocas lunares y marcianas (unas sesenta) que han cruzado el espacio gracias a ese mecanismo.
¿Marcas de bacterias?
Los científicos que se dedicaron a analizar ALH84001 descubrieron en la roca unas formaciones que -al menos en apariencia- recordaban a lasmarcas que suelen dejar las bacterias. Analizando las huellas, encontraron con que estaban compuestas por partículas de carbonatos de tamaño micrométrico, ordenadas en forma de cadenas. El 7 de agosto de 1996 la NASA hizo un anuncio oficial que provocó un gran revuelo en la comunidad científica: era probable que el meteorito en cuestión albergase las pruebas de la existencia de una primitiva forma de vida microscópica que vivió en Marte hace casi 4.000 millones de años. Como suele ocurrir en estos casos, mientras que la NASA utilizaba todos los medios a su disposición para difundir los alentadores resultados, algunos que pensaban que el origen de las cadenas de carbonatos podía ser otro, mucho más mundano y menos interesante, tenían serias dificultades para ser escuchados.
A pesar de todo, en enero de 1998 la revista Science publicó un artículo en se cuestionaba el estudio de la NASA, argumentando que existíanclaras evidencias de la contaminación del meteorito por el hielo antártico en el que permaneció atrapado durante milenios. La controversia se extendió hasta nuestros días, incluso el año pasado la NASA volvió sobre el tema, y encargó al mismo equipo que había hecho el primer análisis un nuevo estudio. El especialista Dennis Bazylinski, director del grupo de especialistas implicados en ese trabajo, reveló que “los microorganismos que dejaron su huella sobre ALH84001 son efectivamente extraterrestres.”
Polvo de la Tierra
La noticia fue cubierta por todos los medios, y la NASA lograba así instalar la necesidad de desarrollar nuevas misiones a Marte, para ver si podían encontrarse “in situ” nuevas evidencias de la existencia de vida alienígena. Pero quienes defendían la teoría de la contaminación del meteorito no se quedaron de brazos cruzados. Analizando los carbonatos descubrieron “niveles inusualmente altos de isótopo oxígeno-17”, un átomo de oxígeno que en lugar de los ocho neutrones habituales en su núcleo, posee nueve. Robina Shaheen, una química de la Universidad de California descubrió que este compuesto se encuentra -en altas cantidades- en los granos de polvo de la Tierra.
A partir de ese dato, Shaheen logró determinar que el ozono de la atmósfera terrestre es capaz de interactuar con los aerosoles minerales que llevan oxígeno del polvo y otras fuentes, para luego formar peróxido de hidrógeno y carbonatos que también poseen esta anomalía del isótopo de oxígeno. En pocas palabras, las cadenas tan prometedoras se originaron aquí, y no en Marte. ¿Es este el final de la historia? No lo sabemos. Es posible que dentro de algún tiempo, cuando el fantasma del recorte presupuestario sobrevuele nuevamente la agencia espacial estadounidense, se “descubra” nuevamente que el vapuleadoALH84001 posee efectivamente la huella de un alien estampada en su superficie. Mientras tanto, y tal como parece haber probado Shaheen, el meteorito no posee muestras de vida marciana.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El hombre biónico se acerca

Desde que se emplearon los primeros clavos para soldar huesos rotos, el mundo se ha ido robotizando y el robot humanizando. Robot, prótesis biónicas, ingeniería genética, vida artificial y entornos virtuales, donde los avatares simulan el ser humano. "El cuerpo es el campo de batalla", afirmaba en 1989 la artista alemana Barbara Kruger.

Si se encuentra por la calle con Hjelmqvist tiene la posibilidad de escuchar la música que surge de su ombligo, gracias a una conexión con Spotify.Sus palabras las confirma el creativo Fredrik Hjelmqvist, presidente de la empresa cultural de Estocolmo Pause Ljud & Bild, que ha decidido convertirse en una tocadiscos andante. "No se trata solo de una estrategia publicitaria. Queremos demostrar que cuando se crean sistemas de sonido a medida del usuario todo es posible", asegura Henrik Adenskog, mano derecha de Hjelmqvist.
Hjelmqvist se ha tragado una píldora, de considerables dimensiones, que contiene el reproductor musical inalámbrico más pequeño del mundo, el GutPod, con wifi, receptor de radio FM, diminutos amplificadores y seis pilas de botón en miniatura.
Hjelmqvist no tiene previsto fabricar el artefacto en serie, pero quien quiera adquirir un ejemplar puede encargarlo y recibirlo al cabo de tres o cuatro semanas, por 12.000 euros.
Si el Jukebox Humano (www.thehumanjukebox.se) oscila entre el proyecto artístico y publicitario, la propuesta del iraquí, afincado en Estados Unidos, Wafaa Bilal se sitúa en la problemática social. Para realizar su nueva instalación The 3rd I (www.3rdi.me), el tercer ojo o el tercer yo, Bilal, docente de la Universidad de Nueva York, se está haciendo implantar una minicámara detrás de su cabeza.
A partir del 15 de diciembre, esta cámara retransmitirá todo lo que pasa a espaldas del artista, captando cada minuto una imagen, que será proyectada en tiempo real en la exposición Told Untold Retold, organizada por el Museo de Arte Moderno de Doha en Qatar. "The 3rd I plantea una reflexión sobre la inaccesibilidad del tiempo y la dificultad de capturar memoria y experiencia. Queríamos implantar la cámara en la frente, pero debido a la polémica sobre el derecho a la intimidad de los alumnos, hemos preferido colocarla en la nuca", explica Mahdis Keshavarz, portavoz del profesor, que se recupera del posoperatorio.
La cámara en la cabeza es un clásico de la ciencia-ficción y de las películas de culto comoLa muerte en directo, de Bertrand Tavernier, donde estaba implantada en los ojos. En el ámbito comercial, el investigador William Gerwin, financiado por Kodak, está desarrollando un prototipo de microtelecámara, que se puede colocar en la cabeza sin intervención quirúrgica.
Bilal, que se dio a conocer por sus polémicas instalaciones interactivas, llegó a autosegregarse en la galería FlatFile de Chicago para convertirse durante un mes en una diana humana a disposición de un público que podía dispararle bolas de pinturas presencialmente o a través de la web. No es el único ni el primero que se ha atrevido a incrustar interfaces tecnológicas en su cuerpo.
El brasileño Eduardo Kac es pionero del arte electrónico y de la experimentación sobre la fusión entre hombre y máquina. En 1997, Kac se implantó en la pantorrilla un chip de memoria, de los que se utilizan para identificar los animales; desde entonces sigue en su cuerpo y, además de llevar en su interior una información no biológica, invita a reflexionar sobre el significado de memoria y privacidad.
El más atrevido ha sido el artista de origen australiano Stelarc, precursor de la convergencia entre lo biológico y lo tecnológico, que a lo largo de su carrera ha experimentado con diversas prótesis mecánicas e implantes biónicos.
Hace unos años el artista integró a su cuerpo un tercer brazo mecánico y más recientemente se ha hecho implantar en un brazo una tercera oreja, cultivada a partir de sus propias células para evitar problemas de rechazo. Dicha oreja posee propiedades que en un futuro próximo permitirán utilizarla como un terminal inalámbrico y, por ejemplo, contestar a llamadas telefónicas acercando el brazo a la cabeza. El debate está servido.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los hombres con el dedo índice mas largo tienen menor riesgo de cáncer de prostata

Ya habíamos contado que un dedo anular largo en los hombres era sinónimo de éxito y que en los neandertales la longitud de sus dedos se relacionaba con la promiscuidad. El último estudio sobre los dedos, publicado en la revista «British Journal of Cancer», asegura que los hombres que tienen el índice más largo tienen menor riesgo de sufrir cáncer de próstata.
La investigación, liderada por la Universidad de Warwick y el Instituto de Investigación del Cáncer de Reino Unido, descubrieron que los hombres cuyo dedo índice era más largo que el anular tenían un tercio menos de posibilidades de desarrollar la enfermedad que aquellos con los anulares más largos.
«Nuestros resultados muestran que la longitud del dedo podría usarse como un test para el cáncer de próstata, especialmente en los hombres menores de 60 años, y quizás combinarlo con otros factores como la historia familiar o los estudios genéticos», asegura el profesor Ros Eeles del Instituto de Investigación del Cáncer de Reino Unido y coautor del estudio.
Para llegar a esta conclusión, los científicos compararon a 1.500 enfermos de cáncer de próstata con más de 3.000 varones sanos entre 1994 y 2009. Lo normal, en más de la mitad de los participantes, es que el índice sea más corto que el anular. Los hombres con el índice y el anular igual de largos (sobre el 19%) tenían un riesgo similar de cáncer de próstata, pero en los que el índice era más largo que el anular el riesgo disminuía un 33%, un porcentaje que alcanzaba el 87% en los varones con menos de 60 años.
Exposición a las hormonas
La longitud relativa de los dedos índice y anular se establece antes del nacimiento, y se cree que está relacionado con los niveles de hormonas sexuales a los que el bebé está expuesto en el útero. Así, menos testosterona equivale a un índice más largo. Los investigadores creen que esta baja exposición ayuda a proteger contra el cáncer de próstata durante la vida.
Estudios anteriores ya habían encontrado una relación entre la exposición a las hormonas en el útero y el desarrollo de otras enfermedades, incluyendo cáncer de mama (vinculados a una mayor exposición prenatal a los estrógenos) y la osteoartritis (en relación a tener un dedo índice más corto que el anular).

lunes, 29 de noviembre de 2010

Rusia construye una nave nuclear para destruir la basura espacial


Rusia acaba de anunciar que se dispone a invertir 2.000 millones de dólares en un programa destinado a "limpiar" la basura espacial que envuelve nuestro planeta. O por lo menos una buena parte de ella. Lo hará con una nave de propulsión nuclear que "empujará" unos 600 viejos satélites, sacándoles de su órbita y obligándoles a caer de nuevo a la Tierra. Los que no se quemen en la atmósfera caerán al mar.
El ambicioso proyecto ha sido revelado por la corporación espacial rusaEnergía, que tiene previsto que la nave esté construida y probada en 2020, para entrar en servicio no más tarde de 2023. Según la compañía, la vida útil de este "basurero espacial" será de unos quince años. "La corporación ha prometido limpiar el espacio en diez años, recolectando cerca de 600 satélites en desuso de sus órbitas geosincrónicas y hundiéndolos en el océano", ha asegurado Victor Sinyavsky, portavoz de la empresa rusa.
Interceptor de asteroides
La empresa también ha asegurado que está trabajando en un "interceptor espacial" que sería capaz de eliminar cualquier objeto peligroso (cometas y asteroides) procedente de los confines del Sistema Solar y que estuviera en ruta de colisión con la Tierra.
El aumento continuo de chatarra en el espacio ya ha inutilizado numerosas órbitas, demasiado peligrosas, debido a los cascos de antiguos satélites, como para colocar en ella nuevos ingenios. Por no hablar del creciente peligro de colisiones, como la sucedida en 2009 entre un viejo satélite ruso, ya en desuso, y otro norteamericano de la red de telecomunicaciones Iridium.
Una red para capturar chatarra
Energia no ha facilitado detalles concretos sobre la forma exacta de operar de la nueva nave, pero el uso de motores nucleares y la larga duración de la misión sugieren que se trata de un nuevo concepto que podría suponer el uso de tecnologías completamente nuevas.
Se especula con la posibilidad de que el ingenio use una gran red para capturar la chatarra (un método que también está siendo estudiado por los norteamericanos), pero parece mucho más probable, por los datos que ya se conocen, que la técnica se base en empujar suavemente a los viejos satélites hasta hacerles entrar en una órbita inestable y que les lleve a caer de nuevo a la Tierra.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Científicos chinos logran almacenar 90 gigas en bacterias

Miembros de la Universidad China de Hong Kong han conseguido almacenar 90 gigas dentro de bacterias. El sistema se basa en una nueva codificación de los datos, que permite reducir su tamaño de forma espectacular. Tras la reducción del tamaño, los científicos han podido introducir la información en forma de ADN modificado.
La iniciativa no es pionera. En 2001 y 2007 ya se habían producido distintos experimentos donde se pretendía emplear sistemas de almacenamiento biológico. Estos experimentos no tuvieron éxito, pero desde la Universidad China de Hong Kong los destacan como los primeros pasos en la materia.
Para los investigadores la clave está en su sistema de codificación. Los científicos creen que podrían almacenar el equivalente de dos terabytes en apenas unos gramos de bacterias. Gracias a sus avances confían en que este tipo de almacenamiento pueda ser el futuro. "Creemos que esto podría ser un estándar industrial para la manipulación a gran escala del almacenamiento de datos en las células vivas" han declarado los responsables del proyecto en su página web.
En la presentación de su proyecto, los científicos son muy optimistas sobre las posibilidades de esta innovación en el futuro. Las aplicaciones podrían variar del almacenamiento de contenidos digitales a la inserción de códigos de barras en organismos sintéticos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Científicos consiguen atrapar átomos de antimateria por primera vez

El hallazgo, conseguido a 272 grados bajo cero, puede cambiar de forma drástica lo que conocemos sobre la Física
J. DE JORGE / MADRID
Día 17/11/2010 - 20.05h
En la película «Ángeles y Demonios», los científicos conseguían resolver uno de los problemas más desconcertantes de la Ciencia: la captura y almacenamiento de la antimateria, algo que, en la vida real, nunca había sido logrado.... Hasta ahora. Un equipo internacional de investigadores ha sido el primero en atrapar la antimateria atómica. Y lo ha logrado en las instalaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés), ubicada en Ginebra (Suiza). El hallazgo, publicado en la revista Nature, podría cambiar drásticamente lo que sabemos actualmente sobre los fundamentos de la Física.

CHUKMAN SO/ALPHA
Recreación del experimento para atrapar antimateria
La antimateria puede explicarse como la imagen ante el espejo de la materia. Por ejemplo, un átomo de antihidrógeno -que es precisamente el que han conseguido capturar- tendría las mismas propiedades y componentes que uno de hidrógeno, pero con la carga eléctrica opuesta. Cuando la materia y la antimateria entran en contacto se aniquilan mutuamente, un proceso que los científicos creen ocurrió instantes después del Big Bang y que ayudó a formar el Universo tal y como lo conocemos. En ese momento, prevaleció la materia y sólo quedó una pequeñísima parte de antimateria en el Cosmos, muy difícil de detectar y más aún de capturar.
«Este es un descubrimiento muy importante. Podría dar lugar a experimentos que cambien de manera drástica la visión actual de la Física fundamental o, por el contrario, confirmen todo lo que ya sabemos», explica Rob Thompson, jefe de física y astronomía en la Universidad de Calgary e investigador del grupo ALPHA, uno de los dos equipos de físicos que compiten en el mundo por entender mejor la antimateria y la formación del Universo.
Ni para calentar un café
Los átomos de antihidrógeno han sido producidos a bajas energías en los laboratorios del CERN desde 2002, pero hasta ahora no había sido posible confinarlos. Atrapar estas partículas es extraordinariamente difícil, ya que cuando materia y antimateria se acercan demasiado, se destruyen entre sí en una especie de explosión, dejando tras de sí la energía que las hizo. El reto era enfriar los átomos suficientemente,hasta 272 grados bajo cero, de modo que sean lo suficientemente lentos para que puedan ser atrapados en un dispositivo de almacenamiento magnético.
De esta forma, los científicos fueron capaces de atrapar 38 átomos de antihidrógeno, el más simple de todos los átomos de antimateria, «una cantidad muy pequeña, nada que ver con lo que necesitaríamos para dar energía a la nave Enterprise de «Star Trek» o incluso para calentar una taza de café», afirman los investigadores.
«Sabemos mucho sobre la materia, pero muy poco acerca de la antimateria. Suponemos que en el Big Bang hubo tanta antimateria como materia. ¿Dónde está la antimateria? ¿Adónde fue? ¿Y por qué parece que hay más materia que antimateria?», se pregunta Makoto Fujiwara, profesor adjunto en el Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Calgary. Gracias a este hallazgo quizás sus preguntas puedan ser respondidas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Una nave japonesa trae por primera vez muestras de un asteroide a la Tierra

El Gobierno de Japón ha confirmado que las partículas halladas en el interior de su cápsula 'Hayabusa' pertenecen a un asteroide, las primeras muestras de este tipo recogidas en el espacio que llegan a la Tierra.
El ministro nipón de Ciencia y Tecnología, Yoshiaki Takaki, explicó que los análisis determinaron que gran parte de las 1.500 partículas halladas en el interior de Hayabusa, que regresó a la Tierra el pasado junio tras un viaje espacial de siete años, pertenecen al asteroide Itokawa.
La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) tiene previsto realizar próximamente otros análisis de las partículas del Itokawa, de un diámetro de 0,001 milímetros, en cooperación con varios científicos para investigar el origen del Sistema Solar.
Se cree que el asteroide Itokawa, situado a unos 300 millones de kilómetros de la Tierra, mantiene su forma original desde tiempos en que se formó el Sistema Solar hace unos 4.600 millones de años.
La cápsula Hayabusa (Halcón peregrino) fue enviada al espacio en mayo de 2003 para recoger muestras del Itokawa, que orbita la Tierra, y se posó en el asteroide en noviembre de 2005, antes de comenzar en 2007 su largo viaje de regreso.
La cápsula tuvo varios problemas operativos como la pérdida de contacto con la base durante tres meses y el funcionamiento deficiente de sus motores, lo que hizo dudar a los científicos sobre el éxito de su objetivo.
La misión del Hayabusa fue la primera de ida y vuelta de una cápsula desde la Tierra a un asteroide, un proyecto en el que Japón destinó un presupuesto cercano a los 130 millones de dólares (unos 96 millones de euros).